Cualquier los gurús de la economía pontifican desde los medios de difusión acerca de la crisis y las salidas a la misma, transmiten un mensaje que va calando poco a poco en la sociedad conduciendo a las personas a una actitud de pasiva resignación, como si no hubieran otras soluciones que las que desde eso que se ha venido en llamar los mercados se imponen a los estados.
Hemos de afirmar rotundamente que ese es un mensaje interesado ya que sólo beneficia a los intereses de sus mismos transmisores y por supuesto siempre va en detrimento de quienes ven impotentes cómo otros deciden por ellos cosas como las condiciones de su trabajo, el marco jurídico en el que se ha de desenvolver su actividad laboral, cuanto han de ganar, a qué edad se han de jubilar y sobre qué bases se ha de calcular su pensión si tienen la suerte de poderse jubilar.
A esta filosofía que trata de inocular en la sociedad entre otros el virus de que las cosas no pueden ser de otra manera se la llama pensamiento único. No hay más que un camino, no hay más soluciones que las que se están imponiendo y de no hacerse así las cosas vamos a la ruina porque sólo acatando las orientaciones de los mercados habrá salida a la crisis. Primero la provocan y después nos dicen que sólo podremos superarla si hacemos lo que ellos pontifican.
A esta filosofía que trata de inocular en la sociedad entre otros el virus de que las cosas no pueden ser de otra manera se la llama pensamiento único. No hay más que un camino, no hay más soluciones que las que se están imponiendo y de no hacerse así las cosas vamos a la ruina porque sólo acatando las orientaciones de los mercados habrá salida a la crisis. Primero la provocan y después nos dicen que sólo podremos superarla si hacemos lo que ellos pontifican.
Sin embargo no es verdad que haya una sola forma de salir de la crisis, no es verdad que la única solución sea profundizar en la aplicación de medidas ultraliberales, tampoco es verdad que la economía sólo se pueda reactivar recortando el gasto social, reduciendo salarios, modificando la legislación laboral y no tocando para nada a los poderosos.
Existen otras formas de salir de la crisis y algunas de ellas se apuntaban al inicio de la misma cuando ingenuamente creíamos que los que la habían provocado pagarían las consecuencias, cuando se hablaba de suprimir los paraísos fiscales y articular un orden económico internacional más justo, cuando se proponía una fiscalidad progresiva que gravara las economías más poderosas.
Prueba de que las cosas se pueden hacer de otra manera es el ejemplo de Islandia. En vez de socializar las pérdidas, como se ha hecho en los demás países, se negó a apoyar a la banca irresponsable, la Fiscalía procedió contra los banqueros responsables del colapso, muchos de los cuales están huidos y en orden de búsqueda y captura, y los ciudadanos forzaron un referéndum para bloquear el pago de la deuda de la banca irresponsable, referéndum que se ganó con el 90% de votos a favor. Hoy en día Islandia está creciendo y lo que es más importante sin haberse plegado a las exigencias de los mercados.
¿Sabe la gente que en España ahora que estamos en crisis se suprime el Impuesto sobre el Patrimonio y se reduce a la más mínima expresión el de Sucesiones? ¿Sabemos que mientras la mayoría lo está pasando mal, casi cinco millones de parados, las grandes fortunas no tributan por ellas a la Hacienda Pública? ¿Se ha parado alguien a pensar lo que esta Hacienda recaudaría si esas exenciones o bonificaciones desaparecieran?
Naturalmente que hay otras formas de hacer las cosas, que hay otras soluciones para salir de la situación actual, sólo que esas soluciones recaerían sobre quienes la han provocado y no sobre quienes, no habiéndola provocado, la sufren en toda su crudeza.
Hemos de rebelarnos contra el pensamiento único, no podemos dar nuestra confianza a quienes se pliegan a sus exigencias. Hace falta otra forma de pensar y de actuar, necesitamos otra forma de hacer política y sobre todo otras políticas.
Está claro. Sólo otras personas distintas a las que nos han llevado a la crisis pueden sacarnos de ella. Hay que cambiar las estructuras del sistema (revolución). Tenemos ejemplos que nos dicen que es posible: Marinaleda e Islandia nos demuestran que lo mismo en política municipal que en política de estado otra forma (la correcta) de hacer política es posible. No toda la clase política es corrupta, no vale decir que todos los políticos son iguales. La revolución social tenemos que hacerla los ciudadanos y tenemos que poner al frente de las instituciones a los políticos que demuestran honradez. Los que ya están ya sabemos cuáles son sus intenciones y adonde nos han llevado.
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