Hace años, en un pueblo cercano al nuestro, el AMPA de uno de sus varios colegios públicos organizó unas charlas dirigidas a los padres sobre cómo educar a los hijos en la sexualidad.
Aquella iniciativa mereció por parte de uno de los curas de la localidad, un sacerdote ya fallecido y muy buena persona por cierto, numerosas críticas que llegaron incluso a recomendar en las misas de los domingos del fin de semana anterior al inicio de las charlas la no asistencia a las mismas ya que en ellas “van a enseñar a los adolescentes a masturbarse”.
Ni que decir tiene que la prédica clerical lejos de suponer un boicot a la iniciativa del AMPA lo que consiguió fue ser su mayor propagandista, ya que por el famoso efecto llamada aquello corrió como la pólvora entre la gente menuda que acudió en masa con la intención de entrar también ellos a lo que sólo eran unas charlas para padres. ¿Como negarse a asistir a unas charlas donde se les iba supuestamente a enseñar una cosa tan llamativa, además gratis y organizada por los propios padres de la chavalería?
¿Se le pueden poner puertas al campo? ¿Se puede impedir que la gente se reúna espontáneamente donde quiera y el día que quiera? La reflexión que pide la ley electoral la víspera de cualquier cita ante la urnas, ¿es algo que debe hacer cada persona individualmente yéndose al campo o encerrándose en la habitación de su casa? ¿No se pueden retirar varias personas a compartir sus reflexiones? Si el día de una consulta electoral coincide con un Primero de Mayo, ¿no se pueden manifestar los trabajadores y trabajadoras aunque sus motivaciones nada tengan que ver con lo que en esa consulta se dirima? Si votar es un acto democrático, ¿va en contra de las elecciones una reunión en la que sus participantes desean profundizar en la democracia?
Al principio de la campaña electoral criticábamos la resolución de la Junta Electoral de Zona al adjudicar a Esquerra Unida sólo un panel electoral al tiempo que agradecíamos la decisión del PSOE y el PP locales de corregir esa injusticia, por mucho soporte legal que pudiera tener,. Hoy lamentamos tener que volver a criticar al máximo órgano de control electoral, la Junta Electoral Central, por la absurda decisión de prohibir al Movimiento 15 de Mayo sus concentraciones de los días 21 y 22.
Pretender parar un movimiento juvenil que ya ha traspasado nuestras fronteras es como querer poner puertas al campo, además de poner al Gobierno y a las Fuerzas de Seguridad en una situación de difícil solución. El ministro Rubalcaba ha dicho algo que nos parece, sin que sirva de precedente, del más absoluto sentido común: “Las fuerzas del orden no están para crear problemas sino para resolverlos”.
Mucho nos tememos que la Junta Electoral Central se ha convertido con su decisión de esta madrugada en un serio problema no sólo para el Gobierno sino para toda la sociedad. ¿Qué pasará si mañana los jóvenes se niegan aunque sea pacíficamente a disolverse y a algún miembro de las Fuerzas de Seguridad les traicionan los nervios?
Porque de lo que estamos seguros es de que la decisión de la Junta Electoral Central se ha convertido, aunque no fuera esa su intención, en la mejor convocatoria para que mañana y pasado las plazas y calles de nuestros pueblos y ciudades se conviertan en un ágora pública ocupada por los jóvenes.
Tampoco era la intención del buen cura al que hacíamos referencia al principio de esta reflexión, pero lo cierto es que su prédica fue la mejor propaganda para unas modestas charlas de educación sexual. ¿Cuándo imperará el sentido común?
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